Manolo Juárez fue un singular compositor argentino.
Pianista de gran formación académica. Incursionó en el jazz y exploró los ritmos autóctonos nacionales (folklóricos) desde su estrecha relación con figuras destacadas de ese mundo musical: Atahualpa Yupanqui, Gustavo “Cuchi” Leguizamón (entre otros).
Su búsqueda creativa lo insertó en un lugar donde convivía el idioma formal de la música, con todo su rigor, y la necesidad de encontrar una identidad musical basada en el reflejo de esos ritmos folklóricos desde una óptica ciudadana tal como él lo expresaba oralmente cuando se refería a su concepción de la llamada “proyección folklórica”.
Compuso zambas, chacareras, cuecas, vidalas, bagualas, no desde su tradicional concepción estilística sino empleando elementos rítmicos y solo en ocasiones, formales, pero en ningún caso se observan estructuras provenientes de lo coreográfico de dichas danzas.
Toma ritmos que desarrolla libremente y hasta integra la improvisación a sus temas, en grabaciones y especialmente en sus actuaciones en vivo.
La complejidad y diversidad de recursos armónicos que emplea transporta los temas a una atmósfera impresionista y narrativa de su idea, llevando en ocasiones a pasajes pianísticos de gran dificultad técnica.
El trabajo de llevar al formato de partituras para piano una obra tan variada (17 temas) obligó a detenerse con rigor en cada aspecto de los mismos.
En primer lugar, se tomó en cuenta que el autor era pianista y pese a haber compuesto muchas de estas obras para distintas formaciones instrumentales y vocales, él mismo interpretaba muchas de ellas con el piano como solista en grabaciones y en conciertos en vivo.
Juárez las ejecutaba con total libertad y entregaba parte de su interpretación a la repentización y/o a los arreglos que hacía para las distintas formaciones.
Nos encontramos en sus escritos con sus característicos arpegios, sus notas “pedal” sobre las que construyó pasajes enteros, sus típicos trémolos de mano izquierda, sus estructuras con acordes cerrados, sus melodías armonizadas como “voicings” como así también sus esquemas rítmicos meramente percusivos. Todos estos recursos conformaron un “estilo personal” de cómo interpretar folklore en el piano.
Por tal motivo en su mayor parte no se encontraron partituras para piano solista sino partituras anotadas en borrador, donde plasmaba ideas musicales que luego se encontraban en las grabaciones o en los conciertos.
Se respetaron los cifrados escritos por Juárez en pasajes donde, seguramente, no buscaba un discurso musical fijo o estructurado y daba libertad de interpretación.
De las diecisiete obras, nueve fueron inspiradas o dedicadas a personas reales como los miembros de su familia (madre: “Delia”, esposa: “Beatriz”, hijos: “Pablo y Alejandro” y “Mora”), a un compositor: “Vidala de Hindemith”, a un alumno: “Vidala para Andrés” y a músicos colegas: “Cueca a Daniel Homer”, “Para el Chango Farías Gómez” y “Río de los Waldos” (por Waldo de los Ríos).
Se intentó conservar en todo momento las ideas estilísticas, rítmicas, armónicas y, por supuesto, melódicas que Juárez compuso y llevarlas a partituras de piano que representen el carácter y el espíritu artístico del compositor, creando en varios casos, una nueva partitura extraída del total del contenido de la versión.
Jorge Algorta
Transcriptor
Detalle sobre el trabajo de transcripción
Manolo Juárez was a unique Argentine composer.
A pianist with extensive classical training, he moved into jazz and explored local and regional rhythms (folk music) forming close relationships with major figures from that musical universe including Atahualpa Yupanqui and Gustavo “Cuchi” Leguizamón, among others.
His creative explorations took him into territory where the rigorous formal language of music sat side by side with the need to find a musical identity that reflected these folk rhythms, shaping a social and cultural approach that he described as ‘folk projection’.
He composed non-traditional zambas, chacareras, cuecas, vidalas, and bagualas that drew on the rhythmic elements of such styles but only rarely employed their formal ones. At no time did structures based on the choreographic elements of these dances appear.
He took rhythms that he then developed freely and even integrated improvisations into his pieces, in recordings and especially during live performances.
The complexity and diversity of his harmonies transport the pieces into an impressionistic, narrative realm resulting occasionally in piano passages of great technical difficulty.
The work to format the scores for such a varied body of work (17 pieces) for the piano required rigorous inspection of each of their different facets.
Firstly, it was taken into account that the composer was a pianist and in spite of having written many of these pieces for different voices and instruments, he played many of them himself as a piano soloist in recordings and during live concerts.
Juárez performed them with complete freedom, including sudden changes and/or arrangements for different instrumental categories.
Among his papers, alongside his characteristic arpeggios, we found his ‘pedal’ notes, around which he constructed whole passages, his distinctive left-hand tremolos, his closed chord structures, his melodies harmonized as ‘voicings’ and also his simply percussive rhythmic layouts. All of these elements were part of his ‘personal style’ as a folk performer on the piano.
For this reason, generally scores for solo piano weren’t found. In their place were draft, annotated scores in which he set down the musical ideas that would later appear in recordings and concerts.
The symbols written by Juárez in passages where he almost certainly wasn’t looking to provide a fixed or structured musical discourse were respected, allowing for freedom of interpretation.
Of the seventeen pieces, nine were inspired by or dedicated to real people such as members of his family (his mother: ‘Delia’, his wife: ‘Beatriz’, and his children: ‘Pablo and Alejandro’ and ‘Mora’), to a composer: ‘Vidala de Hindemith’, to a student: ‘Vidala para Andrés’ and to his musical colleagues: ‘Cueca a Daniel Homer’, ‘Para el Chango Farías Gómez’ and ‘Río de los Waldos’ (in reference to Waldo de los Ríos).
At all times the intention was to preserve the stylistic, rhythmic, harmonic and, of course, melodic ideas that Juárez composed and set them down in piano scores that convey the composer’s artistic character and spirit creating in several cases a new score extracted from several different versions at once.
Jorge Algorta
Transcriber
Breakdown of the transcription work